Año futuro 2036 | Migración 2002 | Edad 47 | Reside en España


Año 2036. Mi mamá irá a la iglesia. Pedirá bienestar para todos. Pedirá abundancia. Será un acto fantástico porque somos seres fantásticos, y será un privilegio poder vivir esa fuerza.



El silencio de Gaitán. Las bombas en Bogotá. Cuando era pequeña estaban poniendo muchas bombas en Bogotá. En el colegio había compañeros a quienes les secuestraron familiares. Eso me permeaba. Uno crece oyendo historias todos los días y uno aprende a convivir con esa tensión y ese pesar. La seguridad se vuelve una capa.

Nos fuimos al campo. Nos recuerdo escondidos bajo la cama. Escuchar disparos. “Los muchachos están cerca”. El ejército llega. La guerrilla duerme en el monte. El miedo en la cara de mi madre. El miedo que permanece. El sonido que activa la memoria. La guerra acústica.


Es linda la utopía más allá de la paz. Más allá de la paloma, otros símbolos de paz: la paz de un niño, la paz de un anciano, el abrazo en misa. La señora que hace las arepas, ella es un gesto de paz para mí. “Vayan ustedes en paz”. Los barrios peligrosos, pero con nombres bonitos. La esperanza. Sagrado corazón. Ciudad Jardín. Sosiego. 20 de Julio. La Gloria, la Flora, el Tesoro.


Año futuro 2050 | Migración 2024 | Edad 28 | Reside en Canadá



Año 2050. Suelo pensar con mucha añoranza eventos que no alcancé a vivir, como los trenes que juntaron el país, y los cuales sueño eléctricos. También en bicicletas para toda la gente. De cuando salíamos a la calle sin pensar en que algo le va a ocurrir a uno.

Imagino una carencia de ruido. Arrullos. Currulaos. Salsa y muchas sopas. Pienso en cantautores, músicas que cantan al reconocimiento de las emociones. Una regulación emocional colectiva.



La memoria no será solo cosa de historiadores, ni tampoco solo de cuerpos, sino también de territorios.


Pienso en a quien cogeré de las manos y en que habría justicia si no fuera un país tan racista. La paz no será un acuerdo, será un cambio en el sistema nervioso: bajar la prevención, dejar de reaccionar, confiar, abrazar, escuchar.


Hoy asumo mi culpa. Mi conciencia de clase. Mi memoria observada, mi cuerpo permeado por lo espiritual, lo mágico y lo religioso. Conflicto versus fertilidad. Me siento fértil. Colombia es fértil. La tierra negra y mojada es fértil.


Año futuro 2030 | Migración 2013 | Edad 35 | Reside en Canadá

Año 2030. Un ejercicio pragmático, casi forzado, un horizonte inminente. No una utopía distante. La viviré, espero, pero no es una distancia cómoda. No pienso en siglos. No imagino épicas. Pienso en condiciones materiales cercanas y en mi familia. Tengo una familia muy cálida. El fútbol. La cerveza. El deporte. Reírnos. Comer hasta quedar llenos. Mi preocupación migrante es mi familia. Está todo el tiempo en mi cabeza.





Me preocupa el futuro, sí. Pienso mucho en el cuando tengo mucho tiempo libre. Extraño el amor. Y a Colombia, aunque no la ame todos los días y me sepa a óxido, la echo mucho de menos; me hace falta su calor acogedor y su telenovela diaria que no aburre.


De pequeño salía a echar cigarrillo con los señores de vigilancia. Me quedaba horas hablando y uno escuchaba historias y vivencias. Uno aprendía que eran exguerrilleros. Era como escuchar una película. Luego aprendí a comer callado.


La paz vino con la Constitución de 1991. La que vino después, sinceramente, no me la creí. No cambiaba ni el noticiero ni el paisaje. Una ficción.

Año futuro 2050 | Migración 2013 | Edad 52 | Reside en Canadá



Año 2050. No sé si estaré viva. Puede que esté muy viejita. Ya soy mata de otra tierra. No sé si volveré. La esperanza con Colombia no me dura mucho. Es como un yoyó.




Ser colombiana es una carga pesada. Todo el tiempo me duele Colombia, duele vivir en los extremos. Yo no salí por el conflicto, pero el conflicto me mantiene lejos.




Soñé esa Colombia, pero no sabía cómo sentirla. Ojalá fuera un sistema nervioso regulado, reparado, un centro energético increíble. Los colombianos tendríamos la capacidad de reparar. Y cuando pienso en la paz, pienso en un ritmo. No es la ausencia de conflicto. Es una presencia de comprensión y entendimiento. Un sistema educativo diferente, terapéutico, espiritual, somático. Volver al cuerpo. Revisitar la memoria sin re-traumatizar. El sistema nervioso como núcleo.

Año futuro 2045 | Migración 2023 | Edad 29 | Reside en Canadá



Año 2045. Yo no crecí pensando que iba a vivir viejo. Crecí con la sensación de que no había futuro y que el país estaba siempre a punto de estallar. Lo más duro es que se vuelve normal.

Las soluciones grandes nunca llegaron a los territorios. La violencia no era solo de los grupos armados. Era del Estado también. Y del abandono. Y del clasismo. Bahía Portete no es solo una masacre, es una herida cultural.




Yo nunca creí en la violencia como camino. Nunca. Pero tampoco creo en una paz perfecta. Eso no existe. Prefiero una paz incompleta.


El plebiscito fue muy duro. En mi casa hubo llanto. Hubo vergüenza. Mucho cansancio. Era como decir otra vez no. Después vino el acuerdo. Y un poco de esperanza. Pero se fue diluyendo. No avanzamos, o avanzamos tan lento que no se siente.


Mi esperanza no es grande. Es pequeña. Pero existe. No como euforia, sino como insistencia. No se celebra. Se sostiene. Eso es para mí la paz: algo que se sostiene. Aunque sea frágil, aunque no sea completa, aunque no alcance. Pero que permite vivir sin estar todo el tiempo en alerta. Eso ya sería mucho. Eso ya cambiaría todo. Aunque no suene espectacular. Aunque no sea histórico. Aunque nadie lo nombre.



Año futuro 2075 | Migración 2019 | Edad 32 | Reside en Canadá



Año 2075. Aunque me hubiera gustado que fuera en los años cuarenta del siglo XXI, no creo que haya habido el compromiso necesario. Las desigualdades persistirán. Es difícil pensar una utopía sin desigualdad. Por eso ese año no es una promesa, sino un cálculo posible.


Quiero regresar a Colombia, a la tierra de mi familia. A un lugar donde crece cebolla larga, maíz, frijol, lulo, mora, tomate de árbol. No como idealización, sino como continuidad. Es mi casa y la de mis futuros hijos.



Mi cuerpo recuerda antes que mi cabeza. Me duele el fracaso del proceso de paz. Esperaba mucho más. Viví una paz parcial que se fue diluyendo. No avanzamos. No encuentro esperanza. Mi abuela lloró por el plebiscito. Después sentimos esperanza con los acuerdos y luego tristeza otra vez. Ese vaivén también se hereda.


He normalizado la violencia. Está ahí incluso cuando no ocurre. Quisiera bajar la vigilancia. Caminar sin calcular rutas. Coger la mano de mi marido sin revisar quién mira. Sé que bajar la alerta conllevará generaciones. No es una decisión individual.

La tranquilidad no es euforia. No es celebración ni épica. Es poder quedarse sin sentir que algo está a punto de romperse. Al final no hay un momento definitivo. Solo un punto en el que la gente deja de preguntar si esto es paz.



Año futuro 2044 | Migración 2019 | Edad 36 | Reside en Canadá



Año 2044. Cuando mi hijo sea adulto todo será más verde. La naturaleza habrá retomado el espacio sin pedir permiso y circularemos sin peligro. El lenguaje habrá cambiado antes que las leyes. Sostener la diferencia sin corregirla. Aprender a bajar la alerta.




Mi visión es microscópica. No se puede contentar a todos. No será reconciliación completa, pero sí poder quedarse: un barroco naturalista.


Lloré mucho aquel día. Muy emocionante. Nunca había vivido algo así. Una imagen soñada. Momento único en la historia. Pensé que a la gente de los territorios le cambiaría la vida — era inocente pensarlo. El país no cambia de un día para otro.

Año futuro 2048 | Migración 2022 | Edad 46 | Reside en Canadá



9 de abril de 2048. No es llegada; es añada. Nombra la espera, algo reposando mientras cambia sin saberse qué. No es un acto único, ni un gesto heroico. Es íntimo primero. La cama tibia, la ducha, hacer el amor, la mesa compartida, la respiración coincide un momento, sin dirigir. Un gesto cotidiano no anunciado que permanece.
















































