Investigación

¿Qué es?

KAIROI es una investigación artística situada en Colombia que aborda el tiempo y la imaginación de futuros como preguntas compartidas de la vida cotidiana migrante.

Se trata de una exploración sensible y colectiva que invita a personas de la diáspora colombiana a situarse frente a los futuros de un país que dejaron atrás, pero que nunca abandonaron del todo. La investigación trabaja con las voces, vivencias y afectos de quienes, desde otras geografías, piensan Colombia desde una posición marcada por la distancia y la pertenencia simultáneas.

KAIROI no busca predecir ni prometer. Propone una experiencia colectiva para pensar cómo la diáspora colombiana imagina el futuro de Colombia desde lo cotidiano, cuando ese futuro se construye —o se posterga— socialmente en el presente, atravesado por la distancia, la memoria y la vida migrante.


Recordar el futuro

En KAIROI, el futuro no se imagina como un horizonte que se aproxima, sino como algo que ya se recuerda. Nombrar un año futuro no activa una proyección optimista, sino una forma de memoria adelantada: el futuro aparece marcado por la demora, la ambivalencia y la imposibilidad de una llegada plena.

Este gesto introduce una inversión temporal deliberada. El futuro deja de ser un campo de promesas y se vuelve una experiencia afectiva: algo que pesa en el presente, que no coincide para todos, que se vive de manera desigual según la posición desde la que se espera.

Desde ahí, no se presenta como un destino alcanzable, sino como una condición siempre provisional. No como un final, sino como una pregunta que insiste en la vida cotidiana.


Paz, conflicto y vida cotidiana

KAIROI se desarrolla en el contexto del conflicto armado colombiano y de los procesos de justicia transicional abiertos tras la firma del Acuerdo de Paz de La Habana en 2016. Sin embargo, el proyecto no parte de la idea de un conflicto cerrado ni de una paz alcanzada.

En KAIROI, la paz no se entiende como un acontecimiento histórico, una fecha oficial ni una promesa futura. Aparece, más bien, como una condición cotidiana frágil, desigual y a menudo provisional. Algo que se intenta vivir, nombrar o sostener en la vida diaria, pero que no termina de asentarse como experiencia compartida.

Los procesos de justicia transicional han producido marcos institucionales, informes y mecanismos de reparación fundamentales. Sin embargo, estos tiempos institucionales no siempre coinciden con los tiempos vividos, especialmente para quienes han atravesado el desplazamiento y la migración. KAIROI no busca corregir esa disonancia ni ofrecer una lectura reparadora del conflicto.

Tampoco propone una narrativa de cierre. Su interés está en observar cómo la paz se filtra —o no— en la vida cotidiana, cómo se percibe como proceso incompleto y cómo se convierte en una pregunta persistente más que en una respuesta estable.

Desde esta perspectiva, la paz aparece en KAIROI no como una solución, sino como una pregunta abierta que atraviesa el presente: una cuestión que se enuncia, se aplaza y se negocia en el tiempo, sin garantías de llegada ni promesa de resolución.


¿Cómo funciona?

KAIROI se articula a partir de un gesto central y deliberadamente simple: situarse en el tiempo.

La participación comienza con una pregunta directa:

¿En qué año futuro imagina que la paz pueda ser una realidad cotidiana en Colombia?

Responder esta pregunta implica nombrar un año, asumir una distancia temporal y posicionarse frente al tiempo que media entre el presente y ese horizonte; entre un pasado que no pasa y futuros que parecen no llegar. El año señalado no funciona como una meta ni como una promesa, sino como un gesto de enunciación temporal situada.

  • Inscribir un año

Al nombrar un año, las personas participantes toman posición frente al tiempo y hacen visible una distancia temporal y afectiva que no es siempre fácil de habitar.

El año señalado condensa afectos y experiencias diversas: expectativa, cansancio, esperanza, incredulidad, duelo o rechazo a la idea misma de que la paz pueda “llegar”. Al cifrar el futuro en un número aparentemente neutro, KAIROI vuelve visible el peso del tiempo en el presente.

La pregunta no apunta al fin del conflicto armado colombiano, sino a cuándo —si es que ocurre— la paz dejaría de sentirse provisional en la vida cotidiana.

  • Escribir, proyectar y mediar

Además de situarse en un año, las personas participantes responden a una serie de preguntas escritas inspiradas en índices cualitativos de paz, relacionadas con la convivencia, la memoria, el territorio y la experiencia cotidiana. Estas respuestas no se tratan como datos que deban ser analizados, sino como materiales situados.

Estos índices no funcionan como criterios de evaluación ni como estándares normativos, sino como puntos de apoyo para pensar cómo la paz —o su ausencia— se experimenta en la vida diaria.

A partir de estas entradas, el proyecto activa procesos de mediación y transducción que dan lugar a imágenes y composiciones visuales. Estas imágenes no ilustran el futuro ni lo representan de forma aspiracional. Funcionan como huellas: restos visuales de una enunciación situada, atravesados por decisiones, desplazamientos y lo que no termina de decirse.

El sentido no se automatiza. La mediación es guiada y editada, y la transducción —el paso de una forma de expresión a otra— se asume como una operación parcial, no equivalente y responsable.

  • Un proceso que no se cierra

KAIROI no se completa con una participación individual ni con un número determinado de inscripciones. El proyecto permanece abierto porque cada participación individual se incorpora a un conjunto colectivo que se reconfigura con el tiempo.

A medida que nuevas personas participan, las imágenes, las métricas colectivas y las visualizaciones cambian. Lo que se muestra no es un resultado final, sino un estado siempre provisional del conjunto.

El proyecto no busca decidir el futuro, sino hacer visible cómo se construye y se negocia colectivamente en el presente.


Dispositivo y archivo

KAIROI se articula en dos capas complementarias, con funciones diferenciadas:

El dispositivo funciona como un sistema de medición colectiva. A través de un cuestionario estructurado, recoge información demográfica, trayectorias migratorias, proyecciones temporales y percepciones relacionadas con la convivencia, la memoria, el territorio y la vida cotidiana.

A partir de estas respuestas, el dispositivo genera métricas temporales y visualizaciones colectivas. Estas visualizaciones no funcionan como predicciones ni como diagnósticos, sino como índices afectivos que permiten hacer legible lo colectivo sin reducirlo a consenso.

El archivo es el espacio curado y público del proyecto. Reúne imágenes, vídeos y textos, y presenta las participaciones de forma anónima y situada, acompañadas únicamente por información básica que permite comprender desde dónde se imagina el futuro. El archivo propone una lectura lenta y no exhaustiva, y funciona como espacio de devolución pública y de responsabilidad posterior sobre lo producido.

Todas las imágenes, sonidos y videos que se presentan en el archivo han sido generados mediante procesos de inteligencia artificial mediada y editada, a partir de las participaciones individuales, dentro del marco de la investigación.

Ambas capas operan juntas, pero no se confunden: el dispositivo mide y visualiza lo colectivo; el archivo narra, contextualiza y sostiene en el tiempo las huellas individuales del proyecto.


Inteligencia artificial y ética

En KAIROI, la inteligencia artificial se integra como una mediación situada dentro de la investigación artística. No genera ideas, futuros ni interpretaciones por sí sola. Funciona como una presencia técnica que interviene en procesos humanos de escucha, juicio y responsabilidad.

Las participaciones no se utilizan para entrenar sistemas ni para producir predicciones o consensos. La IA se emplea para hacer visibles incertidumbres, divergencias y tensiones temporales que atraviesan la experiencia cotidiana del futuro, sin fijarlas ni resolverlas. En este sentido, la IA no reduce la responsabilidad humana; la intensifica.

En un contexto cultural donde la inteligencia artificial suele asociarse a velocidad, automatización y espectáculo, KAIROI propone otro ritmo: una práctica que introduce demora, contención y cuidado. La IA aparece aquí no como una frontera que deba conquistarse, sino como una condición técnica que requiere negociación, especialmente cuando se trabaja con memoria, migración, conflicto y futuros compartidos.


KAIROI trabaja con personas de la diáspora colombiana. La participación es voluntaria y puede adoptar distintas formas, desde respuestas escritas hasta entrevistas en profundidad.

Algunas participaciones son breves; otras son más extensas y personales. KAIROI no evita esa profundidad ni la neutraliza. Asume el trabajo con materiales atravesados por afectos, ambivalencias y experiencias situadas, sin convertirlos en testimonio público ni en relato ejemplar.

Las personas participantes no se reducen a perfiles ni categorías, ni a representaciones de un colectivo. El proyecto no busca hablar en nombre de nadie ni traducir las experiencias individuales en conclusiones cerradas sobre “la diáspora” o “la paz”. Cada contribución permanece situada y parcial. En el dispositivo, las lecturas se articulan a nivel colectivo; en el archivo, las huellas individuales se presentan de forma anónima y contextualizada, sin jerarquías ni síntesis forzada.

Participar en KAIROI no implica una promesa de impacto ni una expectativa de resolución. Implica formar parte de un espacio compartido donde el futuro se mantiene como pregunta abierta, y donde la escucha —humana y situada— importa tanto como la enunciación.


KAIROI produce dos tipos de registros complementarios, que operan en capas distintas pero interdependientes.

Por un lado, el dispositivo genera métricas temporales y visualizaciones colectivas que permiten observar cómo se imagina el futuro de la paz desde experiencias migrantes situadas. Estas visualizaciones no funcionan como predicciones ni diagnósticos, sino como índices afectivos y temporales que hacen legible lo colectivo sin reducirlo a consenso.

Por otro lado, a partir de entrevistas y procesos de mediación artística, KAIROI produce imágenes, textos y vídeos que trabajan con los imaginarios del futuro desde una escala sensible. Las imágenes emergen de participaciones individuales; los videos y composiciones visuales proponen lecturas colectivas, asumidas desde una posición autoral explícita y responsable.

La coexistencia de estas dos capas —medición colectiva y archivo visual curado— permite que el futuro aparezca no como un escenario a diseñar, sino como una condición situada, atravesada por memoria, distancia, afecto y espera.


Esta investigación se llevó a cabo gracias, en parte, al financiamiento del programa Connected Minds, con el apoyo del Canada First Research Excellence Fund, subvención n.º CFREF-2022-00010.